Copyright © 2011 Archdiocese of Boston | All Rights Reserved
|
Los libros inspirados I
"La Tradición apostólica hizo discernir a la Iglesia qué escritos constituyen la lista de los Libros
Santos. Esta lista integral es llamada 'Canon' de las Escrituras" (Catecismo de la Iglesia Católica
120).
No se oye mucho acerca de los libros Deuterocanónicos de la Santa Biblia. Los católicos
normalmente no conocen la Biblia muy bien, por lo tanto no saben mucho de los libros
Deuterocanónicos. Los protestantes conocen su Biblia un poco mejor, pero sus Biblias no
contienen los libros Deuterocanónicos; por tanto, tampoco saben nada de ellos.
Así pues, al presentar estos libros en un diálogo ecuménico, no es de asombrar que la gente
piense que los libros Deuterocanónicos son algún género de armamento perfeccionado por el
Pentágono.
Los Deuterocanónicos (Segundo Canon), es la colección de Siete Libros: Eclesiástico (o
Sirácida), Tobías, Sabiduría, Judit, 1 y 2 de Los Macabeos y Baruc, además de las versiones más
largas de Daniel y Ester, que se encuentran en el Canon del Antiguo Testamento usado por los
católicos, pero que no están en el Canon usado por los protestantes, que se refieren a ellos con el
término "apócrifos".
El nombre "Deuterocanónicos" no se debe a que sean una "segunda medida o tipo" o un Canon
inferior (como piensan algunos), su nombre se debe a que estos libros fueron aceptados como
parte del Canon de las Escrituras después de que se aprobaran como inspirados los primeros
libros, tales como el Génesis, Isaías y los Salmos.
¿Por qué no aparecen estos libros en las Biblias protestantes?
Los protestantes dan sus razones del por qué rechazan que esos libros sean "inspirados". A estas
explicaciones sería mejor llamarlas "equivocaciones", que es lo que realmente son. Vamos a
estudiar cinco de las equivocaciones más comunes, para poder responder a ellas.
Primera equivocación
"Los libros Deuterocanónicos no se encuentran en la Biblia Hebrea. Estos libros fueron añadidos
por la Iglesia Católica en el Concilio de Trento, después de que Lutero los rechazó".
Las bases de esta teoría dicen que Jesús y los Apóstoles eran judíos, y utilizaban la misma Biblia
judía que se usa hoy; más tarde, sin embargo, la jerarquía católica añadió libros a la Biblia, ya sea
por ignorancia o porque dichos libros ayudaban a mantener excéntricas tradiciones católicas,
añadidas también a los Evangelios.
En el siglo XVI, cuando llegó la Reforma, los primeros protestantes empezaron a leer la Biblia sin
la dirección de la Iglesia de Roma; entonces notaron que el Antiguo Testamento judío y el católico
eran diferentes, ya que la Biblia católica tenía una adición de libros medieval, según ellos,
cambiando así la Palabra de Dios.
La Iglesia Católica, dicen los protestantes, reaccionó sancionando en el Concilio de Trento (1564)
los libros Deuterocanónicos, comenzando así la frase católica "siempre han estado".
Los problemas de esta teoría son:
Es incorrecto pensar que la moderna Biblia judía es idéntica a la usada por Jesús y los Apóstoles.
El Antiguo Testamento cambiaba continuamente en los tiempos de Jesús, y en el período
apostólico no había un canon fijo para las Escrituras.
Los saduceos, por ejemplo, sólo consideraban como canónicos e inspirados los cinco primeros
libros del Antiguo Testamento, el resto los consideraban de la misma forma que los protestantes
hacen con los libros Deuterocanónicos. Ésta, precisamente, fue la razón de la discusión con
Jesús sobre la resurrección (Mateo 22:23-33). En los libros de Moisés (Pentateuco) no había nada
sobre la resurrección, y no podían considerar los libros que se escribieron después, como Isaías y
2 de Macabeos, pues no eran para ellos inspirados ni canónicos.
Jesús no trató de convencer a los saduceos de la inspiración de los otros libros, sino que se basó
para su argumentación solamente en los cinco libros de la ley. Por supuesto, esto no quiere decir
que Jesús haya aceptado de los saduceos un Canon reducido. Cuando se dirige a los fariseos
(otro grupo judío de la época), hace lo mismo. Estos parece que tenían un Canon parecido al
Canon judío moderno, más largo que el de los saduceos, pero no más largo que otras colecciones
judías de la Sagrada Escritura. Por eso, Jesucristo y los Apóstoles no vacilaron en discutir con
ellos usando los libros que ellos reconocían como "inspirados". Pero no hay por qué suponer que
Cristo o los Apóstoles se limitaban al Canon que los fariseos reconocían.
Cuando el Señor y sus Apóstoles se dirigieron a la diáspora judía, donde hablaban griego, usaron
la Septuaginta (o versión de los Setenta), que es una traducción de las Santas Escrituras del
hebreo al griego. Muchos judíos (la mayoría) reconocían como inspiradas estas obras; en realidad,
el Nuevo Testamento está lleno de citas de la Septuaginta (en especial las versiones del Antiguo
Testamento aquí mencionadas).
Uno de los pasajes favoritos usado por los anticatólicos durante años ha sido Marcos 7:6-8. En
dicho pasaje, Cristo condena "la enseñanza de tradiciones y doctrinas humanas". Esto servía de
base para innumerables ataques contra la Iglesia Católica, que supuestamente agregaba a la
Escritura "tradiciones hechas por hombres", como los libros Deuterocanónicos. Curiosamente,
aquí el Señor cita a Isaías según una versión (traducción) que sólo se encuentra en la Septuaginta.
La Septuaginta, citada por Cristo a menudo, incluye los libros Deuterocanónicos, libros
supuestamente "agregados" por la Iglesia de Roma en el siglo XVI. De esta versión no solo
procede la cita antes mencionada, sino las dos terceras partes de los pasajes del Antiguo
Testamento citados en el Nuevo Testamento.
Entonces, ¿por qué no están los libros Deuterocanónicos en el Canon judío de hoy? En realidad,
no fue sino hasta después de la era apostólica que los Judíos lograron fijar su Canon rabínico, en
el conocido como "Concilio de Javneh" (llamado Jamnia), en el año 90 después de Cristo. Antes
de éste no hubo ningún esfuerzo formal entre los judíos para definir el Canon de las Escrituras.
Las Escrituras mismas en ninguna parte indican que los judíos hubieran tenido idea de que el
Canon pudiera cerrarse en ninguna fecha.
El Canon que se aprobó en el Concilio de Javneh fue esencialmente el Canon fariseo palestino, no
el usado por los saduceos (el corto), quienes fueron prácticamente aniquilados en la guerra con
Roma. Los rabinos palestinos rechazaban las culturas extranjeras después de la catástrofe que
sufrieron a manos de Roma, ya que su pueblo fue masacrado por los invasores, su templo violado
y destruido, y la religión judía en Palestina confundida. Para ellos, la versión griega de la
Septuaginta era parte de las culturas extranjeras, y así fue como el Canon fariseo fue adoptado.
Eventualmente, esta versión fue aceptada por la mayoría de los judíos, pero no por todos.
Además, cuando se realizó el Concilio judío de Javneh, la Iglesia Católica usaba la Septuaginta en
la enseñanza, en la predicación y en la oración. Los judíos no querían usar la misma Biblia que
usaban los “herejes” católicos. Así, Iglesia y Sinagoga separaron sus caminos. No en la edad
media (siglo XVI), sino en el siglo primero. La Septuaginta, con los libros Deuterocanónicos, fue la
Biblia aceptada, no por el Concilio de Trento, sino por Jesús de Nazaret y sus Apóstoles.
Segunda equivocación
"Cristo y los Apóstoles frecuentemente citan el Antiguo Testamento con autoridad, pero nunca
citan los libros Deuterocanónicos ni hacen mención de ellos siquiera. Si estos libros hubieran sido
parte de la Biblia, el Señor los hubiera citado". Esta idea toma mencionar o citar como sinónimos
de canonicidad. Según eso, si un libro es citado o aludido por los Apóstoles o Cristo,
automáticamente pertenece al Antiguo Testamento. Contrariamente, si algún libro no es citado, no
es canónico.
Pero muchos libros no canónicos son mencionados en el Nuevo Testamento. Por ejemplo, el libro
de Henoc, el de la Asunción de Moisés (citado por Judas) y el de la Asunción de Isaías,
mencionado en Hebreos 11:37. Si mención es igual a canonicidad, ¿por qué, entonces, estos
libros no están en el Canon del Antiguo Testamento?
Por otro lado, si los no mencionados no son canónicos, entonces muchos libros del Antiguo
Testamento estarían excluidos, por ejemplo el Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Ester,
Lamentaciones, Nahúm, Crónicas I, etc. Ninguno de ellos es mencionado o aludido por Cristo o los
Apóstoles en el Nuevo Testamento.
En cualquier caso, no es verdad que el Nuevo Testamento ignora los libros Deuterocanónicos.
Vemos, por ejemplo, Sabiduría 2:18-20: "... si el justo es hijo de Dios, Él le asistirá y le librará de
las manos de sus enemigos. Sometámosle al ultraje y al tormento para conocer su temple y
probar su entereza. Condenémosle a una muerte afrentosa, pues, según él, Dios le visitará". Es
muy clara la relación de esta cita con otra de la narración de la crucifixión: "A otros salvó y a sí
mismo no puede salvarse. Rey de Israel es: que baje ahora de la cruz, y creeremos en él" (Mt 27:
42).
Igualmente, San Pablo alude claramente a los capítulos 12 y 13 del libro de la Sabiduría en su carta
a los Romanos 1:19-25. Hebreos 11:35 se refiere inconfundiblemente al segundo libro de los
Macabeos 7. Y, más de una vez, Cristo mismo mencionó el texto de Eclesiástico 27:6, donde se
lee: "El fruto manifiesta el cultivo del árbol; así la palabra, el del pensamiento del corazón humano".
Nótese también que el Señor y sus Apóstoles observaron la fiesta judía de la dedicación (Jn 10:22-
36), pero el establecimiento de dicha fiesta sólo se encuentra en los libros 1 y 2 de los Macabeos.
Jesús permaneció cerca del templo durante la fiesta de la dedicació, y habla de su
purificación/elección, al igual que Judas Macabeo habla de la purificación y consagración del
templo en 1 Macabeos 4:36-59 y 2 Macabeos 10:1-8. Así mismo, Jesús utiliza otras citas del
Antiguo Testamento en el Nuevo, por ejemplo sobre el maná (Jn 6:32-33; cf Exodo 16:4), la
serpiente de bronce (Jn 3:14; cf Num 21:4-9) y el liderazgo de Jacob (Jn 1:51; cf Gén 28:12). Este
esquema lo vemos por todo el Nuevo Testamento. No hay distinción hecha por Jesús y sus
Apóstoles entre los libros Deuterocanónicos y el resto del Antiguo Testamento.
Editado y publicado con el permiso del Padre Daniel Gagnon, O.M.I.
Continuará el próximo mes