Un ejemplo vivo
La construcción de la cultura de la vida en familia
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Gaceta Católica Hispana de la Archidiócesis de Boston
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Adoptar únicamente una actitud próvida es responder a medias al llamado para construir una cultura de la vida. Pensemos en lo que
implica la palabra “construir”. No es pasiva, incluye adquirir material, emplear herramientas y trabajar para crear algo tangible. Si
vamos a construir una cultura de la vida, empezando por nuestro hogar, necesitamos pensar en los materiales, las herramientas y en
el trabajo requerido para realizar nuestro propósito.

Lo esencial es que construir una cultura de la vida implica necesariamente vivir poniendo el ejemplo, crear una cultura que incluya
tanto una actitud interna como una forma de vida cotidiana. Está claro que la oración es tanto una herramienta como una tarea de
amor que reforzará nuestra actitud de afirmación de la vida y nos fortalecerá para compartir dicha actitud con los demás. Las
oraciones devotas a la Sagrada Familia pueden dar las gracias santificantes de la paciencia, la pureza y el valor que demostró la
Sagrada Familia.

Los hogares pacíficos que fomentan una pureza de corazón en los niños pueden producir fácilmente una generación de jóvenes
valerosos que harán del mundo un lugar para la vida. Los materiales necesarios para construir esta cultura de la vida también incluyen
las enseñanzas de la Iglesia. La guía que brindan las Escrituras, la tradición sagrada y las enseñanzas magisteriales son un don
increíble, pero como todo don, uno debe recibirlo.

El asombroso material que debemos construir, incluye la catequesis del Papa Juan Pablo II acerca de la teología del cuerpo. Estas
enseñanzas nos ayudan a aclarar lo que significa estar hechos a la imagen y semejanza de Dios. Desde el momento en que nos vemos
a nosotros mismos y a los demás desde este punto de vista, se vuelve automática una profunda reverencia por la vida. Para algunos,
la siguiente observación parecerá inesperada y fuera de lugar. Para los esposos y los padres que se encuentran aún en un periodo de
ser padres, una herramienta esencial para construir una cultura de la vida es adoptar y practicar las enseñanzas de la Iglesia acerca de
la planeación familiar. La contracepción puede parecer invisible y de ningún modo un factor negativo en el matrimonio, pero es un
veneno sutil e insidioso para el amor marital y para la cultura de la vida.

Después de haber vivido mi propia vida de casado de ambos lados de esta línea, puedo asegurarles que la libertad y las bendiciones
que provienen de vivir en esta verdad superan por mucho el miedo que nos lleva a usar la contracepción. Practique la planificación
natural de la familia (PNF) y viva las virtudes necesarias para practicarla. Cosechará un amor más profundo por su esposa y, el
respeto por la vida en su hogar fluirá naturalmente de esta práctica.

Por último, permita que sus hijos lo vean hacer algo que ponga en acción sus convicciones pro-vida: done artículos a un centro de
recursos para mujeres embarazadas, asista a un evento pro-vida, rece frente a una clínica de abortos o póngase en contacto con sus
representantes para promulgar una importante propuesta de ley. Poner nuestra fe en acción en estos casos crea una impresión
duradera acerca de nuestro papel en la formación de nuestra sociedad.

Es cierto que construir exige esfuerzos. Ya sea que estudie la teología del cuerpo, practique la PNF o apoye un ministerio que afirme
la vida, aprenda del modelo de San José. Conocía bien la admonición del Salmo 127,1 que afirma: “Si el Señor no edifica la casa, en
vano trabajan los albañiles”. San José se apoyó tanto en la fortaleza espiritual como en el trabajo de sus manos para alimentar a su
familia. El ejemplo de su vida servirá tanto para el bienestar de su familia como para el de su comunidad, su nación y el mundo.
El Papa Juan Pablo II en repetidas ocasiones hizo un llamado a los católicos para
contraatacar la presente cultura de la muerte construyendo una nueva cultura de la vida.
La Iglesia enseña que el fundamento de toda sociedad, y por supuesto de toda la
civilización del mundo, es la familia.

El amor entre cónyuges y entre padres e hijos, debe reflejar el amor dador de vida de la
Trinidad. Este amor se encuentra en el corazón de toda cultura que respeta sinceramente
el pináculo de la creación de Dios: los seres humanos. Sin embargo, negarnos a
participar en la cultura de la muerte no es suficiente para seguir las enseñanzas de
nuestra fe.
Testimonio:
Un ejemplo vivo
Por Ed Rivet
ED RIVET escribe desde Michigan donde es miembro del Consejo St. Peter 6534 en Eaton Rapids. Ha servido como director legislativo del Derecho a la Vida de
Michigan desde 1988 y ha enseñado planificación natural de la familia con su esposa, Michelle, desde 1998.
Nota del editor: Este artículo apareció originalmente en la revista Columbia de Enero, 2010, y se reimprime aquí con permiso de los
Caballeros de Colón, New Haven, Conn.