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Monseñor Emilio Simeón Allué, SDB es Obispo Emérito de la Archidiócesis de Boston y Vicario Episcopal para el Apostolado Hispano.
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En este país, los Estados Unidos, las actividades escolares suelen empezar la primera semana de
septiembre. Ya se han ido preparando en los centros comerciales con las ventas de ropa y materiales
escolares para los estudiantes. Todos esperan con ansiedad la reapertura de estos centros de
enseñanza: los padres, los maestros y los mismos estudiantes, que se sienten ya cansados y aburridos de
las vacaciones. La mayoría de ellos están deseosos de continuar su educación “subiendo” al grado
siguiente, que les presenta asignaturas nuevas, tal vez maestros desconocidos y, sobre todo, retos
nuevos.
En estos días los hemos visto apresurarse a sus clases con sus mochilas y ropa nueva y también con
cierto entusiasmo y sentido de expectativa. No faltan tampoco las lágrimas en los ojos de padres y niños al
separarse, quizás por primera vez, dejándolos en la escuela en manos de los maestros… Estas escenas
típicas de la vida escolar nos evocan los recuerdos de antaño, cuando vivíamos esos tiempos nostálgicos.
Al final del verano se revivía el síntoma de volver a empezar… Y así es. Se empieza una nueva etapa en la
vida, un nuevo año de desarrollo físico, intelectual y espiritual concedido por Dios para el bien de la
persona.
En las comunidades parroquiales también se experimenta alrededor de este mes de septiembre otro
‘volver a empezar’… que en realidad es continuar lo que ya se estaba haciendo. Me refiero al desarrollo
de la vida espiritual. Existen en nuestras parroquias programas de enseñanza de la Fe. En las
comunidades cristianas se enseña la fe, se vive la fe, se propaga la fe. Durante el período del año escolar
se organizan los cursos de catecismo, la instrucción religiosa de preparación a los sacramentos para los
niños y los adultos. Pasadas las semanas del tiempo estival, recomienzan de nuevo esos cursos que nos
educan y alimentan la fe. La ventaja de un ‘nuevo comenzar’ es que nos hace tomar nuevo ímpetu y
entusiasmo en nuestra vida espiritual.
Importantísimas son, en verdad, para nosotros las escuelas católicas con sus ritmos de cursos, disciplina,
horarios y clases, que nos ponen en contacto con Dios que es el Creador y Autor de las ciencias y artes,
historia y literatura. Pero más importancia tiene la educación en la Fe que recibimos también en las clases
de catecismo y de adultos, y en las actividades apostólicas en las que nos involucramos. La Vida de Fe no
deja de ser la única asignatura que necesitamos para alcanzar la vida eterna y de la que el Maestro Divino
nos va a examinar en el día final.
Recomencemos, pues, cada día nuestro a caminar hacia Dios con alegría y entusiasmo, aprendiendo bien
nuestra Fe, viviéndola y propagándola, evangelizando el ambiente en que vivimos en cualquier estación
del año.
¡Feliz Año Escolar!
Publicado el 15 de Septiembre de 2009
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