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Monseñor Emilio Simeón Allué, SDB es Obispo Emérito de la Archidiócesis de Boston y Vicario Episcopal para el Apostolado Hispano.
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Esta palabra alegra a todos, tanto pequeños como adultos, estudiantes como profesores, trabajadores como
empleados. Hay que escribirla con letras mayúsculas y con puntos de exclamación. Denota un tiempo de alegría,
distensión y relajo.
En estos meses de verano aprovechamos para pasar unas semanas de vacaciones. A finales de Junio yo mismo me
fui a pasar tres semanas con mi familia en España, más exactamente en mi ciudad natal de Huesca, haciendo varias
escapadas por su bonita provincia que comprende el Pirineo aragonés con sus sierras y altas montañas nevadas de
los Pirineos, frontera entre España y Francia. Pude, también, visitar parientes que no los veía por muchos años,
compartiendo así recuerdos de la infancia y reavivando los lazos familiares y de amistad mutua.
Se va escribiendo mucho sobre la necesidad de las vacaciones, tanto por parte de los médicos psicólogos como de
los directores del Espíritu. Por otra parte, el sentido común que Dios ha puesto en cada persona determina la
conveniencia de tomar un tiempo libre para romper la monotonía y el ‘stress’ de la vida.
Las vacaciones no pueden ser un tiempo de completo ocio. El ‘no hacer absolutamente nada’ no es bueno ni para la
mente ni para el cuerpo. Las facultades y talentos dados por Dios hay que ejercitarlos siempre. El ocio crea sobre
todo problemas morales. EL ocio –se dice- es el laboratorio del demonio. Cuando a San Juan Bosco –educador y
sacerdote- le preguntaban por qué no tomaba tiempo de vacaciones, el santo respondía que se tomaría vacaciones
cuando se las tomara su enemigo, el demonio. ‘pues el espíritu del mal‘ nunca descansa…
Para este santo, la vacación era cambiar de ocupación. Esto es, para aliviar el ‘stress’ basta dirigir nuestra atención y
acción hacia otro centro de interés, siempre que tenga una finalidad positiva y constructiva.
La Sagrada Escritura nos ofrece muchas referencias sobre “la vacación” y el descanso, empezando con el mismo
Creador (Gen 2:2) “…y cesó en el día séptimo de toda la labor que hiciera”. Jesucristo mismo hace descanso
retirándose a la montaña para hacer oración e invitando a sus discípulos a hacer lo mismo.
Monseñor Rafael Palmero es el obispo de la diócesis de Alicante (España), quien recientemente ha escrito una carta
pastoral a sus feligreses sobre las vacaciones estivas. Con esa carta ha querido demostrar que el tiempo de
vacaciones es tiempo para serenarse y para madurar. Las vacaciones son tiempo de crecimiento intelectual (estudiar,
leer libros), espiritual (vida de la Iglesia, sacramentos) y cultural-físico (deportes, hobbies, música, excursiones,
contacto con la naturaleza).
En su carta cita al mismo Papa Benedicto XVI que escribió en julio de 2007 sobre las excursiones a las montañas:
”La montaña, en particular, evoca la elevación del espíritu hacia las alturas, hacia el ‘alto grado’ de nuestra
humanidad que, por desgracia, la vida diaria tiende a rebajar.”
También durante las vacaciones debemos saber encontrarnos con Dios y con nosotros mismos, no sólo en la
naturaleza, en el sano divertimiento, en las amistades y conexiones familiares, sino también y sobre todo en el
cumplimento de nuestras obligaciones de fe y de los sacramentos. Las iglesias están siempre abiertas para participar
en la Santa Misa y pasar momentos de meditación y de paz.
Publicado el 20 de Julio de 2010
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