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Monseñor Emilio Simeón Allué, SDB es Obispo Emérito de la Archidiócesis de Boston y Vicario Episcopal para el Apostolado Hispano.
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Mis hermanos hispanos:
Ya sé que hay varios santos en este mes de marzo que necesitan ser señalados de una manera
especial, pues son muy conocidos. Entre otros, están las mártires Santa Perpetua y Santa Felicidad, el
día 7. San Juan de Dios, el día 8. San Patricio, el día 17. San Cirilo de Jerusalén, el 18. Santo Toribio de
Mogrovejo, el día 23. San Braulio, obispo de Zaragoza, el día 26.
Además de estos santos, el 25 de marzo celebramos la festividad de la Anunciación de la Virgen María
(nueve meses antes de Navidad), y la solemnidad de San José, esposo de la Virgen, el día 19.
San José fue seleccionado por Dios para ser el esposo y padre adoptivo de su Hijo Jesucristo encarnado
aquí en la tierra. Es el ser humano más santo que ha existido después de la Virgen María. José es el jefe
de la familia humana de Cristo en la tierra, y vivió trabajando y sustentando a su esposa María y al Niño
Jesús. Según la tradición cristiana, José de Nazaret murió antes de que Jesucristo saliera a predicar su
evangelio. Al morir dejó sola a María con su Hijo. Ella cuidó a Jesús y le siguió hasta la muerte en el
calvario, permaneciendo con los discípulos hasta después de Pentecostés.
José fue un hombre justo, es decir bueno, de mucha fe, que creyó en Dios, siguiendo sus mensajes
sobre la Virgen, la emigración a Egipto y su retorno, para proteger al Niño y su Madre. Fue un hombre
con mucha confianza en Dios; se fio totalmente de Él. José fue un hombre de mucha humildad, al que el
evangelio presenta pasando por la vida sin hacerse notar, trabajando en un oficio humilde, sin molestar
a nadie. Alguien escribió: “Dios lo utiliza cuando le necesita, después pasa a un segundo plano”. Pasó
varios años sin que se le venerase en la Iglesia. Se desposó con María según la ley judaica de entonces
y su amor hacia ella fue de lo más grande y puro. Ese mismo escritor nos dice: “San José y la Virgen
estuvieron unidos con verdadero matrimonio por voluntad del mismo Dios, quien quiso de esta forma
poner en seguro la virginidad de la Madre de Dios y proveer su fama y sustento”.
Si ponemos todas estas cualidades y virtudes juntas en la persona de José, nos podríamos hacer una
idea clara de la santidad de este hombre, al que Dios puso para proteger a María y su Hijo Jesús. De
esto resulta que San José es el protector de las familias, de las vocaciones, de los seminaristas, de la
Buena Muerte, y sobre todo el Protector de la Iglesia Universal (Católica).
Las monjas y hermanas religiosas tienen una gran devoción a San José. Santa Teresa de Jesús propagó
incesantemente el amor y la devoción a San José. De Él, la Santa de Ávila dice: “No me acuerdo de
haberle pedido cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me
ha hecho Dios por medio de este santo, los peligros de que me ha librado, así de cuerpo como de alma.
Con esto Dios nos demuestra –comenta la santa- que así como el Señor estuvo sujeto a San José en la
tierra así ‘hará en el Cielo cuanto le pida’.”
¡Que San José siga bendiciendo a nuestras familias y a la Iglesia con muchas vocaciones hispanas!
Publicado el 24 de Marzo de 2011
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